MUSEO DE MALVINAS «FELIPE VILLEGAS«
En nuestro recorrido por la hermosa provincia de San Luis, llegamos a la localidad de Saladillo para conocer un sitio sorprendente: el “Museo de Malvinas Felipe Villegas”. El lugar atesora objetos de un valor histórico incalculable, pero lo que más impacta es la juventud de su creador: Felipe tiene solo 13 años.
El museo abrió sus puertas en 2022, cuando él apenas tenía nueve. Durante la visita, compartimos una charla enriquecedora con Felipe y con Norma, su maestra de primer grado. Ella fue, de alguna manera, quien descubrió y acompañó esa chispa de curiosidad que lo llevó a convertirse en un pequeño gran guardián de nuestra historia.


ENTREVISTADOR: Me decías que siempre te interesó este tema, desde chiquito…
FELIPE VILLEGAS: Sí, desde primer grado.
NORMA REYNA: Sí, él hace muchos años que viene juntando. Desde chiquitito que le gusta esto. Cuando cumplió los siete quería su cumpleaños de Malvinas, y así empezó a conocer a algunos veteranos y así fue juntando más cosas. Y llegamos a esto, aquí hay cosas que le han pertenecido a los veteranos. Por ejemplo, acá está la bufanda que usó en la guerra Pablo Carballo, es muy conocido él. También está una de las placas identificatorias que les ponían los soldados por si morían, se la regaló la viuda de un sobreviviente que murió tiempo después.
E.: ¡Qué gesto el de ella, regalarle ese recuerdo!
N.R.: Sí, él murió hace unos años, de cáncer. Y ella le regaló la plaquita y un uniforme. También hay otro uniforme de un sobreviviente del Ara 25 de mayo. Era un veterano de Buenos Aires, que justo un día iba pasando, porque tiene parientes en Naschel, vio el mural y se volvió. Y ahí nos conoció. Desde ese momento viene siempre a visitarnos.
E.: Han venido veteranos de muchos lugares, ¿no?
Han venido otros de Mendoza, de Córdoba, de Mar del Plata… También cuando se inauguró el museo, un veterano de Tigre, que le trajo un casco que usó en la guerra.


E.: Veo varios libros también… ¿a esos los han comprado?
N.R.: No, todo lo que hay acá es donado. Esos libros fueron escritos por veteranos que conocieron la historia y fueron mandando. Los libros y las otras cosas, son todos obsequios. Algunos de gente que tiene contactos con el Ejército, porque es difícil conseguir estas cosas, sin los permisos y todo lo que se necesita.
E.: Hay un libro que se llama “Iluminados por el fuego”, con el que se hizo la película, supongo que la vieron…
N.R.: Sí, sí. Pero no le gusta muchos a los veteranos esa película. Porque dicen que no muestra mucho la realidad.
E.: ¿Cuál fue el primer veterano que conoció Felipe?
N.R.: Se llama Nicolás Ferreyra. Él es de la Villa de Merlo, y yo lo conozco porque fue mi preceptor. Yo fui maestra de Felipe, y cuando estaba estudiando, en Merlo, ahí lo conozco a Nicolás, que era mi preceptor. Y cuando Felipe quiso conocer a los veteranos, al primero que contacté fue a él.



Entre tantos objetos valiosos podemos apreciar también una carta, una de las tantas que escribían los niños en las escuelas, en aquellos años de la guerra. Norma nos cuenta la historia de esa carta.
N.R.: Ésta se la regaló un veterano que vive en Merlo, que se llama Luis Brescia. Él nunca la había abierto; la abrimos nosotros cuando él la obsequió. Estaba cerradita todavía, y ahí está el sobre también.
Recorrer el museo no es solo ver objetos, es escuchar testimonios que Felipe y Norma conocen de memoria. Entre las piezas más impactantes que pudimos conocer, se destacan: una balsa original utilizada en el rescate del Crucero General Belgrano, donde perdieron la vida 323 tripulantes. Cerca de ella, una esquirla de bomba sorprende por su peso impresionante, un recordatorio físico de la magnitud del conflicto. También hay frascos que guardan piedras y turba de las Islas, traídas por veteranos puntanos en un viaje a las islas realizado en 2012 (curiosamente, el mismo año en que nació Felipe); y arena del Cementerio de Darwin, el único sitio en todo el territorio malvinense donde está permitido desplegar nuestra bandera sin restricciones. Tampoco deja de sorprender la gran cantidad de placas de reconocimiento que recibió Felipe por su museo, tanto a nivel provincial como nacional y hasta internacional.



Por otra parte, una de las imágenes más conmovedoras del museo no es de combate, sino de solidaridad: la foto del día en que el pueblo se quedó sin pan porque todas las panaderías decidieron donar su producción a los soldados que recién regresaban al continente.
Un capítulo aparte merece la historia de Nicolás Ferreyra, veterano de la Villa de Merlo y preceptor de Norma. Nicolás cumplió funciones como enfermero en un buque hospitalario. Durante la guerra, su familia no tenía noticias suyas y lo creía perdido, hasta que un día su maestro de música lo reconoció en una foto de una revista y corrió a avisarles que estaba vivo. Esa misma revista, que fue el puente entre la incertidumbre y la esperanza, hoy forma parte de la colección de Felipe gracias a la donación de una niña. Cuando Nicolás visitó el museo, se produjo un momento mágico: el veterano volvió a encontrarse con el papel que, décadas atrás, le anunció al mundo que él seguía en pie.
E.: Vemos muchísimos objetos y recuerdos en este lugar ¿Cuánto de todo esto estaba cuando se inauguró el museo?
N.R.: Ni la mitad, muchos menos de eso…
E.: ¿Y cuántos años tenías, Felipe, cuando empezaste a juntar las primeras cosas?
F.V.: Seis años…
E.: ¿Y qué te llamaba la atención de Malvinas?
F.V.: Más que nada lo de la guerra. Había visto la película “Iluminados por el fuego” y un video de Zamba, en Paka Paka…
E.: Y me imagino que soñás con ir a Malvinas algún día…
F.V.: Sí, ese es mi sueño.
E.: ¿Ha venido algún otro medio de comunicación?
N.R.: Ha venido TeleDiario, el día de la inauguración. En youtube se pueden ver esa y otras notas. Además están las notas de “El diario de la República” de San Luis capital.
E.: ¿Y han recibido algún tipo de aporte del Estado?
N.R.: Hace tres años hicimos la asociación civil, y a partir de entonces nos donaron un dinero con el que compramos las cámaras de seguridad, los maniquís, una vitrina. Y también estamos peleando para que nos incluyan en los museos de la provincia, como parte del recorrido. Igualmente viene muchísima gente. Desde que se inauguró, más de mil personas han venido. Y ahora el 11 de abril, celebramos un nuevo aniversario.
E.: ¿Cómo se gestó el espacio para el museo?
N.R.: Fue toda idea de Felipe. Porque éstas eran todas viviendas productivas, o sea, la casa más el salón. Ellos tenían antes una panadería, la cerraron y quedó el salón; y ahí Felipe empezó a traer sus cosas y lo fue gestando. Y ya está quedando chica. Hemos hecho un pedido, porque la idea es ampliarlo, hacer un baño; pero todavía estamos esperando. Hay varios requerimientos que todavía no están siendo atendidos, y es una pena, porque a nivel provincial se podría aprovechar mucho mejor. Te puedo asegurar que aquí hay muchas cosas que no hay en otros museos.
Para cerrar la nota, queremos destacar la importancia a nivel educativo de una iniciativa llevada adelante por Norma y una compañera. Desde su escuela impulsaron una ley provincial llamada “Escuelas malvinizadoras”, con la que cada institución toma a un veterano de guerra como padrino de la institución, proyecto con el que están trabajando ya hace dos años y que sin dudas, es una idea digna de ser imitada a lo largo del país.
E.: ¡Cuánta historia viva hay en este museo! ¡Y qué importante es, a través de este museo, poder transmitirlo a las nuevas generaciones!
N.R.: Y no hay mejor forma de transmitirlo que haberlo escuchado de la misma boca de ellos, de los veteranos. Antes, cuando yo iba a la escuela, era escuchar el homenaje al Soldado Maciel, la marcha de Malvinas y nada más. Después empezaron ellos a tener mayor reconocimiento. Muchos la habían pasado muy mal, de hecho hubo más muertes por suicidios posteriores, que muertes en combate.
Cada 2 de abril, o cada vez que la memoria de Malvinas nos interpele, visitar espacios como éste se vuelve un acto de justicia: aquí la historia no se estudia, se respira. En el Museo de Felipe Villegas esa experiencia se vuelve un puente necesario entre generaciones. Él es, de alguna manera, un heredero por elección y por pasión. Porque el día en que la voz del último veterano se vuelva leyenda, quedará Felipe con su propia voz, para que cada esquirla, cada carta y cada uniforme sigan contando la verdad que custodian.







